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JOSEFUS

Aquí se examinará la evidencia acerca del tema del linaje maternal y paternal que se encuentra en las escrituras de Josefus. Para los que no conozcan Josefus, él era un historiador Judío del primer siglo quien luchó en las guerras Judías con los Romanos, fue capturado por ellos y luego fue patronicado por el Emperador. Él era un Cohen (sacerdote) por ambos lados de su familia y se descendió de los Asamoneanos por el lado maternal. Sus escrituras se han demostrado ser estimadamente fiables y frecuentemente se les han confirmado con evidencia arqueológica. Escribió cuatro obras, que sobrevivieron, que son una autobiografía corta; Antiguedades Judías, que cuenta la historia Judía desde la creación y continúa desde donde termina el Tanaj; La Guerra Judía, que decribe la gran guerra que tuvieron los Judíos con los Romanos en el primer siglo que resultó en la destrucción del Segundo Templo, en principio a través de sus experiencias personales; y finalmente Contra Apion, que es básicamente una retórica contra unos escritores contemporáneos de Josefus quienes él sintió que habían menospreciado a la cultura é historia Judía. Aquí, solamente se examinará estas obras en cuanto relatan al tema de la descendencia maternal y paternal.

“Antiguedades Judías” empieza recontando las historias de la Biblia desde la creación hasta su terminación. La narrativa varía un poco de la versión que se conoce hoy en día como la Biblia y habían unos cuantos puntos interesantes. Sin embargo, no se incluyerán aquí porque la versión que se haya aceptado como “oficial” para los propósitos religiosos es la Biblia, así que, se debe de seguir esa. “Antiguedades” continúa donde termina la Biblia, donde se empezará el análisis.

Primero, se presentará casos de matrimonios mixtos ó mestizaje. El primero se encuentra en Antiguedades, Libro 13, capítulo 7:4:228 (Josefus ha sido codificado con un sistema de versos semejantes al de la Biblia para simplificar las referencias). Describe el asesinato del gobernante y sacerdote contemporáneo de Judea, Simón el Maccabi, en un banquete por su “nuero Ptolemi.” Ptolemi era el nombre que se daba a los gobernantes de Egipto en esos tiempos. Así que, se sabe que la hija de este Simón, quien era Judío, se casó con este hombre quien no era Judío. No se describe su relación ni hijos que tuvieran. Sin embargo, dado el hecho de que después de matar a su padre, siguió en secuestrar, torturar y matar a la madre de su mujer y dos de sus hermanos, no es probable que le fuera aceptable que su mujer impusiera su religión a sus hijos. Después de hacer esto, se huyó a Filadelfia en Egipto, y dado su genio, su mujer sin duda le obedeciera.

El próximo ejemplo que se encuentra de un matrimonio mixto está en el Libro 14, capítulo 7:4:126. Toma lugar al fin de la dinastía Asamoneana. Otro Ptolemi, descrito como el hijo de Meneus y el líder de Chalcis, un área de Lebanon, da refugio a los restos de la dinastía Asamoneana, a quienes les amenazaba Pompei. El hijo de Ptolemi se enamora de y se casa con una de las hijas del rey Asamoneano, Aristobulus 2, a quien se llamaba Alejandra. Pero, Ptolemi mató a su hijo y se casó con ella él mismo. Produjeron por lo menos un hijo, Lisanius, quien se convirtió en rey del área conocido como Iturea. Este area nunca ha formado tradicionalmente parte de Israel ó Judea, aunque luego los reyes de Judea lo controlaran y los reyes de Irutea les pagaron tributos. Irutea se sitúa donde ahora está el Valle Bakaa. La historia Lebanesa considera los líderes Ptolemi y Lisanius regentes Helénos. En las escrituras de Josefus no se menciona las prácticas religiosas de este Lisanius, pero la gente a quien gobernaba era Árabe y no es probable que practicara el Judaismo, ya que hubiera alejado a su gente y amenazara a su reinado, aunque quiesiera hacerlo, desde un principio.

El próximo personaje que aparece para ayudar al estudio del mestizaje en esa época es Herod el Grande. Existen muchos discursos sobre la identidad Judía de Herod. Una cosa cierta es que Herod no era de la étnica judía para nada. Su padre era Idumeo. Idumea había sido conquistado y la gente convertida al Judaismo a la fuerza por el líder Asamoneano, Juan Hircanus, alrededores del siglo segundo, antes de la era común. Así que, el padre de Herod, Antipater, definitivamente era Judío de religión. La madre de Herod generalmente se considera la hija de un Árabe prominente llamado Cipros. En principio, se cree que esta mujer no era Judía. Sin embargo, Josefus se contradice en cuanto a sus orígenes exactos. En Antiguedades, Libro 14, capítulo 7:3:121, Josefus dice que ella era Idumea. Según eso, ella sería Judía porque los Idumeos habían sido conversos ya por casi un siglo. En las “Guerras Judías,” él dice que era Árabe (Libro 1, capítulo 8:9:181). Eso la haría probablemente no Judía. Pero, se dirá para este discurso que ella no era Judía, porque esa es la creencia común. Herod llegó a ser rey después de la muerte de su padre, quien había sido el gobernante actual de Judea en nombre del Alto Sacerdote, Hircanus. Él se convirtió en rey durante una lucha para el poder y se puede encontrar opiniones escritas pretendiendo que esa lucha tuviera algo que ver con el hecho de que su madre no fuera Judía. Pero no hay ningúna indicación de que fuera así. Casi siempre había una lucha durante una sucesión real, y no es única en la historia Judía. Por ejemplo, cuando el líder Asamoneano Juan Hircanus se murió, sus hijos Aristobulus 1 y Alejandro se pelearon para el poder tal y como lo harían los hijos de este Alejandro, Aristobulus 2 é Hircanus 2, al morirse él y a ningunos de ellos se les cuestionaban su Judaismo. Muchos Judíos apoyaron a Herod, incluso el Alto Sacerdote, Hircanus. Prueba de eso es el matrimonio de Herod con la nieta de Hircanus, Mariam. Como ella era Cohen, este matrimonio no se hubiera permitido si Herod no fuera Judío. La lucha era entre Herod y Antigonus, un Asamoneano, quien hubiera tenido el derecho de sucesión por nacimiento. Sin embargo, este Antigonus había vivido bastante tiempo bajo la protección de Lisanius de Irutea y no había estado en Judea por varios años. En Antiguedades, Libro 14, capítulo 15:2:403, Josefus describe una proclamación hecha por Antigonus para apoyar su causa. Dice, “Sería contrario al sentido del honor si dieran el reinado a Herod quien era plebéyo é Idumeo, quiere decir, un medio-Judío, cuando deberían ofrecerlo a quienes fueran de la familia real, que era el costumbre.” No se sabe, claro, si esas eran las palabras exactas de Antigonus ó si es un paráfrasis de Josefus. Pero, ambos hombres eran Cohenes y entonces muy bien educados en la ley Judía, y pronunciaron el nombre inefable de medio-Judío. Al examinar el significado de esta frase hay que mirar el contexto completo. En el original, la palabra Griega que se utiliza es una amalgama de las palabras mitad y Judío, sin guión. Se puede leer con el sentido literal, que solamente uno de sus padres fueran Judíos, ó podría ser una expresión idiomática significando “casi-Judío,” utilizado para menospreciar su descendencia de conversos. Por ejemplo, en Español se puede decir “Esa chica es media-loca” significando que es casi-loca pero no del total. No es una fracción matemática, sino un adjetivo. El locutor estaba insultando a Herod de varias maneras, haciendo referencia a su posición social de plebéyo y su étnica Idumeana. Parece más probable que fuera la intención decir “casi-Judío” dado su étnica Idumeana porque el locutor lo utiliza como elaboración a su descripción de Herod como Idumeo, siguiendolo así “...un Idumeo, quiere decir, medio-Judío.” Los Idumeos sólo habían pertenecido a la nación Judía un par de generaciones a la hora de la ascención al trono de Herod y, aunque la historia daría prueba a la constancia de esta unión (los Idumeos lucharon en la Guerra Judía contra los Romanos), en ese momento muchos Judíos probablemente tuvieran sospechos de su lealtad. Sin embargo, como quiera leerlo, es prueba de que no había costumbre de descendencia maternal exclusiva entonces. Tomado literalmente, significa que había cosa que era mitad-Judío, que la tradición Rabínica excluye. Tomado idiomáticamente, significa que Herod era Judío de religión, sino por la étnica, y que la descendencia maternal exclusiva no se aplicaba (presumiendo que su madre no era Judía). No hay otra ocasión de un enemigo de Herod poniendo dudas a su Judaismo. Durante todas las escrituras de Herod la razón dada por la oposición siempre está basada en el hecho de que no perteneciera a la familia real. Antigonus, a quien le llamó medio-Judío, era su rival y lo dicho por rivales quienes estén interesados en la transmisión del poder nunca se pueden tomar tan en serio.

Otra evidencia del Judaismo de Herod se puede encontrar en los matrimonios de su hermana, Salomé. Su primer matrimonio fue con un Idumeo, lo cuál fue arreglado por Herod. El nombre de ese marido era Costobarus y Herod le colocó como gobernador de Idumea. Salomé lo divorció porque quería armar una rebelión contra Herod é excluir a los Idumeos de la obligación de practicar la religión Judía, que les había sido impuesto por Hircanus. Este incidente se describe en Antiguedades, Libro 15, capítulo 7:9-10. Luego, en Antiguedades, Libro 16, capítulo 7:6:225, se habla de un matrimonio posible entre Salomé y un jefe Árabe llamado Sileus. Josefus escribe que se puso como condición que Sileus se convertiera al Judaismo, la cual Sileus rechazó y entonces nunca se realizó el matrimonio. Es difícil imaginar una razón para imponer esta condición si no fuera Judía Salomé y, como ella y Herod tenían la misma madre y padre, Herod tenía que serlo también.

A veces se ha discutido el Judaismo de Herod porque introdujo algunos costumbres ajenos en Judea, como poner el emblema Romano, el águila, por encima de la entrada del Templo y construir gimnasios al estilo Romano. Pero eso no se puede ver como nada más que maquinaciones políticas. Herod se encargó de proyectos de construcción masivos y fortaleció al Templo. Nunca le hubieran permitido hacer eso los Romanos si se sintieran amenazados de cualquier forma. Herod no era nada más que listo. Cuando su antecedente, el líder Asamoneano Aristobulus, se había atrevido a desafiar a los Romanos, los Judíos se perdieron la independencia. La destrucción trágica del templo y la civilización Judía que ocurriese casi un siglo después de la muerte de Herod era resulta de las mismas decisiones equivocadas de los Judíos. Herod era realista y sabía donde conceder para conseguir en otro plazo. Los Judíos le debían mucho. Bajo su reino procuraron mantener su templo y costumbres, cosa que la mayoría de las civilizaciones que conquistaran los Romanos no lograron hacer. Después de su muerte se le puso el apodo “el Grande” con razón. Era todo hacia abajo para los Judíos después de él. Desde luego, las generaciones futuras lo reclamaron. En Antiguedades, Libro 20, capítulo 8:7:173, Josefus describe un incidente que surgió entre los Judíos y los Sirianos quienes vivían en aquel entonces en la ciudad de Cesaria, mucho después de la muerte de Herod. Escribe:

“Y ahora ocurrió que una gran rebelión surgió entre los Judíos que residían en Cesaria, y los Sirianos que también vivían allí, acerca de sus derechos iguales como ciudadanos; los Judíos reclamaron la preeminencia, porque Herod su rey construyó a Cesaria, y porque él era de nacimiento un Judío. Los Sirianos no negaron lo dicho sobre Herod; pero dijeron que antes a Cesaria se llamaba Torre de Strato y que no había ningún residente Judío.”

Herod tuvo nueve mujeres y produjo catorce hijos. Algunos se casaron con gente no Judía y no hay nada en las escrituras que se indicara que los hijos de las mujeres que no fueran Judías de nacimiento no se consideraban Judíos. No se hará una digresión aquí hacia todos los detalles de las vidas de los hijos de Herod. Se lo puede leer en Antiguedades, Libros 17-20. Algo que destaca, sin embargo, es que siempre cuando una de las hembras se casara con uno que no fuera Judío había una insistencia que el hombre se convertiera y se circuncidara. En cambio, no habla de este requisito en cuanto a los varónes que se casaran con mujeres no Judías. Una razón podría ser que el costumbre de la imersión en la mikvá no existiera todavía y, entonces, no había rito para convertir para las mujeres. Pero, también indica que no fuera importante para las mujeres ser de la religión, sólo los hombres. Un incidente que merece examinar relata Josefus en Antiguedades, Libro 19, capítulo 7. El nieto de Herod, Herod Agripa 1, se ha tomado el reinado de Judea. Ocurre este incidente, como lo describe Josefus:

“Pero el genio de Agripa era apacible y consideraba a todos los hombres iguales. Él era compasivo a los extranjeros y les hizo apreciar su liberalidad. Así era de genio amable y sensato. De acuerdo, a él le encantaba vivir siempre en Jerusalén y ciudaba con exactitud las leyes de su país. Él entonces se guardó la pureza por completo; ni pasó un día sin su sacrificio adecuado. Sin embargo, había un hombre de la nación Judía en Jerusalén, quien al aparecer, tenía un conocimiento intímo de la ley. Se llamaba Simón. Este hombre se reunió una asamblea mientras el rey estuviera ausente en Cesaria, y tuvo la insolencia de acusarle de llevar una vida profana, y así se le podría excluir del Templo con justificación porque ese pertenecía a los Judíos nativos solamente. Pero el general del ejército de Agripa le informó que Simón había dado ese discurso a la gente. Entonces el rey le mandó presentarse; y cuando estaba sentado en el teatro, le dirigió sentarse a su lado y le dijo en voz baja y ligera: “¿Qué se hace aquí que esté contra la ley?” Pero él no tenía nada que decir, pero le pidió perdón. Entonces el rey se reconcilió con él más fácil de que se pudiera imaginar, ya que estimaba la benignidad una virtúd mejor para un rey que la rabia, y sabiendo que la moderación se sentara mejor a los gran hombres que la pasión. Así que, le dió un pequeño regalo a Simón y le dió permiso para irse.”

¿Qué quería decir este Simón al llamarle a Herod Agripa 1 “no Judío nativo”? Examinamos su ascendencia. Su padre era Aristobulus, hijo de Herod el Grande y Mariam, una Cohen de la dinastía Asamoneana. Su madre era Berniz, hija de la hermana de Herod el Grande, Salomé, y su primer marido Costobarus. Al examinar la idea del linaje maternal exclusiva, se podría decir que su bisabuela maternal y paternal (sus padres eran primos-hermanos, así que esa era la misma persona), la madre de Herod el Grande, no era Judía (si es que no la fuera), y, entonces, este Simón se refería a un costumbre de descendencia maternal al declararle “no Judío nativo.” Pero Josefus nunca dice eso. Si hubiera tal costumbre, esto sería la oportunidad perfecta para invocarlo. Pero no lo hace. A lo mejor Simón se refería a una impureza racial de parte de su abuelo materno, Costobarus. Costobarus, como ya se ha establecidio, era Idumeo, lo cual le hizo Judío a través de la conversión forzada de esa nación. Pero Costobarus había querido rechazar al Judaismo, así que, esa pudiera ser la impureza a que se refería este Simón. Si con “no Judío nativo” este Simón quería decir no Judío por la étnica, por ser descendiente de conversos Idumeos, el comentario no tenía nada que ver con la línea maternal ó paternal, porque se la hubiera indicado. Quizás Simón consideraba la conversión de los Idumeos inválida porque fuera forzada. A lo mejor se refería al mestizaje de Agripa, pero desde luego no tenía que ver con el linaje maternal. Puede que no se referiese a su ascendencia en nada, pero a un método de sus prácticas religiosas con que no estuviera de acuerdo. Josefus menciona en la primera línea que este Herod Agripa "era compasivo a los extranjeros" cosa que a lo mejor este Simón consideraba una traición a la nación Judía. Más probable no era nada más que un contrario que quería armar polémica y nada más. También destaca que este Agripa se casó con la hija del Alto Sacerdote, quien no le cuestionó su Judaismo. De todas formas, está claro del tono de la narrativa que Josefus, quien era Cohen y bien aprendido en la ley Judía, consideraba esta acusión contra Agripa sin fundamento y completamente absurda.

Para ser justo, no se puede llegar a conclusiones definitivas acerca de los costumbres Judíos por el comportamiento de la realeza, porque obviamente tendrían privilegios que no tuvieran los plebéyos. Pero sólo hay eso en que basar las inferencias. Josefus no escribe bastante sobre los plebéyos. Sólo se encuentra un caso del matrimonio mixto entre plebéyos en sus escrituras. Ocurre en Antiguedades, Libro 18, capítulo 9:5. Relata un cuento de unos Judíos viviendo en Babilonia. Dos hermanos se habían llegado a unas posiciones importantes en el gobierno allí y uno de ellos se casó con una no Judía. Sus parientes y su séquito le instaba a devolverla a su familia porque había traído sus ídolos y seguía orando a ellos. Pero no se menciona ningún hijo que naciera de esa unión, así que no se puede deducir nada.

A partir de esa examinación de casos de matrimonios mixtos, el próximo aspecto de la narrativa de Josefus que interesa es la descripción famosa que da de las varias sectas del Judaismo que existiera y se hicieran competición en esa época, los Esenos, Saduceos, y los Fariseos. Las escrituras de Josefus terminan con la destrucción del segundo Templo en la Guerra Judía con los Romanos. El Judaismo salió de las ruinas casi como religión completamente distinta. Los Fariseos ganaron y son responsables por llevarnos el Talmúd. Josefus explica algunas de sus diferencias filosóficas sobre la vida eterna, etc., pero no se repitirán aquí porque no tienen relevancia al tema de la descendencia maternal. Lo que sí tiene relevancia es el como y porque el Talmúd llegara a controlar la vida religiosa de los Judíos, porque es de allí donde se saca la tradición de la descendencia maternal.

Josefus da más elogios a la secta de los Esenos que a otros. Alaba a su sentido de la moralidad y vida ascética. Algunos llevaban vidas monásticas y otros se casaban. A los ritos de purificación les consideraban muy importantes. Probablemente los ritos de imersión en la mikvá para convertir al Judaismo y el bautismo cristiano se provenían de ellos. Pero esta secta no parece haber tenido mucho interés en imponer sus creencias a los demás. La lucha verdadera ocurrió entre los Saduceos y los Fareseos. Josefus relata las diferencias fundamentales entre los dos en Antiguedades, Libro 13, capítulo 10:6:297-298:

“Lo que explicaré ahora es esto, que los Fareseos se han llevado al pueblo muchos costumbres por sucesión de sus antepasados que no están escritos en las leyes de Moshé; y por eso los Saduceos los rechazan y dicen que tenemos la obligación de guardar los ritos que estén escritos, pero que no cuidemos los derivado de las tradiciónes de los antepasados. Y acerca de eso se han surgido muchas discursiónes y peleas entre las dos, mientras los Saduceos sólo se pueden convencer a los ricos y no les tienen el pueblo servil, pero los Fareseos tienen el muchedumbre a su lado.”

Lo primero que destaca aquí es que las tradiciones de los Fareseos, que llegaran a formar el Talmúd, NO se derivaban del Torá, al contrario de lo que dice el partido equivalente contemporáneo de los Fareseos, los Ortodóxos. Lo segundo que se saca es que eran los plebeýos que apoyaban a los Fareseos. ¿Porqué? Pues, los plebéyos eran granjeros y sin educación. Hebréo, el idioma del Torá, se había dejado de hablar ya por varios siglos. El Araméo era la lengua común de los Judíos en esa época. Así que, la gente ordinaria no podía leer el Torá por su cuenta. Dependían de unos cuantos, los rabinos prototípicos, para especializarse en el tema y decirles de que se trataba. Este sistema dió el control entero a un grupo pequeño. Así podían decir lo que querían al pueblo. Los ritos obsesivos que desarollaron, pocos que se encontraban en el Torá, formaba manera de controlar los cerebros de los demás y retener el poder para ellos. Crear un sistema en que la persona ordinaria tenía que preguntarles como comer, dormir y cagar les interesaba. Lamentablemente, sigue este costumbre hoy en día. Fuera de Israel, pocos Judíos entienden las escrituras originales del Torá ó Talmúd, entonces dejan a los Rabinos decirles que hacer. Casi todos los Judíos hoy en día creen la mentira de los Ortodóxos que sus prácticas forman el Judaismo “verdadero” y lo que siempre ha sido, mientras el Reformista y otros ramas sean invenciones modernas. Esa es una tontería, pero como no sabe la mayoría de la gente como contestarles, les cree.

Josefus dice en su autobiografía corta que él estudió como joven con cada una de las sectas y entonces se alió a la de los Fariseos. Porque hizo esto se aparenta en sus descripciones. Escribe bastante sobre el dominio que tenían sobre el pueblo. Por ejemplo, en Antiguedades, Libro 18, capítulo 2:3:14-15 y 4:16-17:

“También creen que los almas son immortales y que bajo la tierra habrá compensión ó castigos, de acuerdo con que si hayan vivido con virtúd ó con vicio en esta vida; y que los viciosos se dentendrán en una cárcel eterna, pero los virtuosos tendrán el podre de reanimarse y vivir de nuevo; por esas doctrinas pueden persuadir los muchedumbres; y todo lo que hagan acerca de la devoción divina, oraciones y sacrificios, lo hacen de acuerdo con sus direcciones; tanto que las ciudades les dan grandes atestaciones por su comportamiento virtuoso, ambos en las acciones de sus vidas y sus discursos también. Pero la doctrina de los Saduceos es esta: que los almas se mueren con los cuerpos; ni dan consideración a nada más de lo que esté obligado por la ley; porque creen que es un caso de virtud debatir con esos profesores de filosofía con que estudien: pero esta doctrina está recibido por muy pocos, pero por los de gran dignidad. Pero se pueden mobilizar casi nada; porque cuando lleguen a ser jueces, que estén obligados a ser a veces contra su voluntad y a la fuerza, se atan a las creencias de los Fareseos, porque el muchedumbre no los aguantaría de otra manera.”

Aquí empieza a aclarar la razón de porque Josefus siguiera a los Fariseos. Él era aristócrata y su alianza natural hubiera sido con los Saduceos. Escribe más elogios sobre los Esenos. En la “Guerra Judía” Libro 2, capítulo 8, da una descripción larga, adorante y casi asombrada de su manera de vivir y prácticas. Dice algunas cosas complementarias sobre los Fariseos, pero nada especial. Pero Josefus era ambicioso. Llegó a ser gobernador de Galilé y sirvió como general en la guerra contra los Romanos. Sacado de este pasaje que se acaba de citar, se ve que no se hubiera realizado esas metas sin ser Fariseo. Esta descripción ilumina las razónes de porque el muchedumbre seguía a los Fariseos. Ellos prometían a los pobres, cansados y miserables recompensa en la vida eterna mientras los cómodos y contentos no necesitaban esos pensamientos para apaciguarse. Muchos aristócratas como Josefus, se dejaban llevar por ellos porque se rendían delante la gente común. Necesitaban aparecer sentirse con ellos, igual que hace los políticos hoy en día. Josefus relata unos cuantos otros cuentos que sigue elaborando al dominio que tenía los Fariseos sobre el pueblo. Por ejemplo, en Antiguedades Libro 13, capítulo 10:5-6, decribe un conflicto que surgió entre el líder Asamoneano, Hircanus, y los Fariseos. Hircanus tenía mucho éxito como gobernador, también era Alto Sacerdote y llevó la prosperidad a la nación Judía. Josefus continúa la historia:

“Sin embargo, esta prosperidad conmovió a los Judíos tenerle envidia a Hircanus; pero a los que les caía peor era a los Fariseos, quienes eran una de las sectas de los Judíos, como ya hemos relatado. Estos tienen un poder tan grande sobre el pueblo que cuando dicen algo contra el rey, ó contra el sacerdote alto, se les creen de prisa. Ahora, Hircanus era alumno de ellos, y muy apreciado por ellos. Y una vez que les invatara a un banquete y les entretenía con mucha hospitalidad, cuando les vió con buen humor, les dijo que ellos sabían que quería ser un hombre honrado y hacer las cosas como le agrade a Diós, cosa que profesaban los Fariseos también. Sin embargo, él deseaba que si ellos le vieran ofender en cualquier cosa y desviando del camino recto, que le corregiesen y guiaran. Por lo tanto, le atestaron que fuera virtuoso por entero; con lo cual se quedó muy a gusto Hircanus. Pero todavía había un huésped, quien se llamaba Eleazar, un hombre de mal genio, a quien le gustaba armar polémica. Este hombre dijo, “Como quiere saber la verdad, si quiere ser honrado de verdad, deje el puesto de Alto Sacerdote, y quédese contento con el gobierno civil del pueblo.” Y cuando quería saber por que causa debería dejar el puesto de Alto Sacerdote, el otro contestaba, “ Hemos oído de los ancianos que su madre fuera cautiva bajo el reino de Antiochus Epifanis.” Esto era falso y Hircanus fue provocado contra él; y a todos los Fariseos les indignaba mucho. Ahora, había uno Yonatan, un gran amigo de Hircanus, pero de la secta de los Saduceos, cuyas ideas eran bastante distintas de las de los Fariseos. Él dijo a Hircanus que Eleazar le había insultado tanto de parte de los sentimientos comúnes de los Fariseos, y que esto se manifestaría sólo con preguntarles cúal castigo creían merecer este hombre, porque se podría depender de que si indicaban el castigo merecido, que no le acusara con apruebo suyo. Entonces, los Fariseos contestaron que merecía latigazos é ataduras, pero que no les parecía justo castigar a los insultos con la muerte. Y también los Fariseos aún en otras ocasiones no están inclinados a ser severos en sus castigos. Con esta condena ligera, Hircanus se enfadó y pensó que este hombre le había insultado con apruebo suyo. Era este Yonatan quien le había irritado é influido tanto hasta que dejara el partido de los Fariseos é aboliese los edictos que habían impuesto a la gente, y castigar a los que los cuidaban. De esta fuente surgiera el odio con que él y sus hijos se encontraron por parte del muchedumbre.”

Algo para notar es que cuando dice aquí “cautiva” quiere decir violada. Era costumbre en todas las sociedades que el lado victorioso de una guerra tomara a las mujeres del los enemigos cautivas y las violara. Así que, Eleazar aludía a que la madre de Hircanus fuera impura por haber sido violada durante su cautividad y que por eso Hircanus se llevaba alguna impureza también por provenir de esta.

Otra anécdota que aclara el dominio que tenían los Fariseos ocurre después de la muerte de este Hircanus cuando su hijo Alejandro había tomado el gobierno después de una lucha con su hermano Aristobulus 1. En el lecho de la muerte, Alejandro dió instrucciones a su mujer, Alejandra, en como retenerse el gobierno para ella y sus hijos. Escribe en Antiguedades, Libro 13, capítulo 15:5:399-404:

“Pero cuando su reina vió que estaba al punto de morirse y ya no tenía esperanzas de sobrevivir, le vino llorando y lamentando y llena de pena por ella misma y sus hijos sobre la condición desolada en que se quedarían; y le dijo, “¿A quién me dejas y a mis hijos, quienes no tengan otro apoyo y eso cuando ya sabes cuanta mala voluntad tiene la nación contra tí?” Pero él le dió estos consejos: Que siguiera lo que le dirigiese ahora, para retenerse el reino con seguridad, con sus hijos, que escondiese su muerte de los soldados hasta que se tomara ese plazo; después que se fuera con triúnfo, como victoriosa, a Jerusalén, y poner parte de su autoridad en las manos de los Fariseos; porque le encomendarían por el honor que le hubiera hecho, y se la reconciliarían con la nación, por que le dijo que ellos tenían gran autoridad sobre los Judíos, ambos para hacerles daño a los que odiaban, y dar ventajas a los que estaban bien dispuestos; por eso se les creen el muchedumbre cuando digan cualquier cosa contra otro, aunque se diga por envidia.”

Aquí se encuentra otro ejemplo del temor que tenía la aristocrácia hacia los Fariseos. Alejandra se tomó el poder y siguió los consejos de su marido, como se relata en Antiguedades, Libro 13, capítulo 16:1-2:405-409:

“Entonces, Alejandra, cuando se tomó la fortaleza, actuó como le había aconsejado su marido, y habló con los Fariseos, y se les colocó todo el poder, ambos en cuanto al cadáver y los asuntos del reinado, y así les apaciguó la rabia que tenían contra Alejandro y les convenció tener buena voluntad y amistad hacia él; quienes luego aperecieron delante el muchedumbre y les hicieron discursos y les presentaron los actos de Alejandro y les contaron que habían perdido un rey honrado; y por la encomendación que le dieran, les llevaron a dar pena y a lamentarle, hasta que tuviera un funeral más elegante de las que había tenido nigunos de los reyes anteriores. Alejandro dejó dos hijos, Hircanus é Aristobulus, pero cometió el reinado a Alejandra. Ahora, acerca de estos dos hijos, Hircanus de verdad no era capáz de manejar los asuntos civiles y aprevechó más bien de una vida tranquila; pero el menor, Aristobulus, era hombre activo é atrevido; acerca de esta mujer, Alejandra, le quería el muchedumbre porque se puso fachada de haber disgustado los actos de su marido. Entonces colocó a Hircanus en el puesto de Alto Sacerdote, porque era el mayor, pero más porque no se metió en la política y permitió a los Fariseos encargarse de todo; a quienes también mandó al pueblo ser obediente. También restauró esos costumbres que habían introdujido los Fariseos, de acuerdo con las tradiciones de sus antepasados, los cuales su suegro, Hircanus, había quitado. Así que, ella tenía el nombre de regente, pero los Fariseos tenían la autoridad; porque fueron ellos quienes restuararan los que habían sido exiliados y libraran a los presos, y en general no se diferenciaban en nada de gobernadores.”

La muerte de este Alejandro era casi el comienzo del fin para los Saduceos. Si Alejandro hubiera dejado un heredero fuerte, a lo mejor hubiera podido continuar la oposición a los Fariseos y la historia Judía hubiera tomado otro camino. Pero, como mujer, Alejandra caminaba una línea fina para retener el poder y le hubiera resultado difícil que los hombres se dejaran mandar por ella. Entonces, se tomó el camino más fácil, aunque Josefus la decriba como mujer sabia y fuerte. Sus dos hijos se convertieron en rivales, abriendo otro camino para los Fariseos consolidarse el poder.

En fin, no hay ninguna pista para indicar, directamente ni indirectamente, que hubiera costumbre de la descendencia maternal exclusiva, y habían muchas ocasiones en que hubiera sido lógico mencionarlo. ¿Era costumbre entre algunos grupos de los Fariseos? Quizás. Aún entre las tres sectas del Judaismo que Josefus describe, él deja claro que habían diferencias internas. Y se ve en el Talmúd que había (y hay) pocos asuntos en que estuvieran de acuerdo los Judíos. Lo que también queda claro es que los costumbres Farisáicos que se desarrollarían en el Talmúd no se derivaban del Torá, como pretenden sus representantes contemporáneos, los ortodóxos. Las semejanzas entre el retrato que Josefus pinta del dominio de los Fariseos a la situación corriente en el Judaismo y en particular en Israel, son casi espantosas. Muchos Judíos que no son Ortodóxos fuera de Israel tienen ceremonias Ortodóxas aunque no las quieran porque tienen miedo de que Israel no les reconozca ó a sus hijos. Los políticos Israelís no dejan que los Rabinos que no sean Ortodóxos participen en la vida religiosa porque tienen miedo de la venganza de los Ortodóxos. Las tradiciones Farisáicas/Ortodóxas están basadas en la intimidación, el miedo, la manipulación y la insinceridad.

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